Una ducha puede ser el mejor aliado de tu bienestar, pero si lo hacer mal, puede convertirse en un enemigo para tu piel. Te contamos qué evitar para que la ducha sea todo lo beneficiosa que debe.

NO AL AGUA EXCESIVAMENTE CALIENTE
Una excesiva temperatura del agua irrita la piel, produce sequedad y elimina los aceites naturales de la piel. Una ducha con la temperatura del agua entre 25 y 30 grados es lo ideal para mantener la piel tersa e hidratada. Además con ello:

  • Mejorará el aspecto de la piel.
  • Se mantendrán los poros cerrados.
  • Calmará posibles picores.
  • Mejorará la circulación, evitando las varices.

LA DURACIÓN. FUNDAMENTAL
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que una ducha debe realizarse en 5 minutos para un uso sostenible de agua y energía.

¿QUÉ JABÓN UTILIZO?
El aseo corporal a través de la ducha busca limpiar la piel de las impurezas, no obstante debemos tener cuidado y no utilizar un jabón agresivo para nuestra piel. El manto lipídico no es eterno. La barrera que recubre nuestra piel para protegerla de manera natural puede desgastarse o alterarse a consecuencia de duchas indiscriminadas y el empleo de jabones inadecuados. La capa de lípidos (moléculas orgánicas) tiene un pH ligeramente ácido, que se sitúa en torno al 5,5. Este es el número clave que impide el paso a gérmenes, bacterias, virus y ácaros. Por eso es tan importante no alterar su acidez. Existen jabones con agentes hidratantes que ayudarán a retener la humedad de la piel. En el supuesto de darse dos o más duchas al día, es conveniente prescindir del jabón, limitando su uso a una de ellas.

FROTA CON CUIDADO. TU PIEL LO AGRADECERÁ.
Evita friccionar en exceso la piel, pues sólo conseguirás irritarla y eliminar su barrera protectora. Ayúdate de las manos o de un paño suave. Si te gusta ducharte con una esponja, ten en cuenta el siguiente consejo.

¿ESTÁ LIMPIA TU ESPONJA?
Evita dejar tu esponja en el interior de la ducha cuando hayas acabado de utilizarla, ya que, por regla general, la ducha no s un espacio húmero sin demasiada luz, lo que se convierte en un lugar ideal donde proliferar los gérmenes y bacterias. Si aún así dejas la esponja dentro de la ducha, procura darle un aclarado con agua caliente antes de utilizarla.

SÉCATE BIEN
Es especialmente importante el secado en axilas, pies (entre los dedos) e ingles, para evitar la aparición de infecciones fúngicas.

HIDRATACIÓN INMEDIATA
El mejor regalo que podemos hacer a nuestra piel es el hidratarla, y un buen momento para hacerlo es al salir de la ducha. Evita secarte con la toalla y vestirte sin haber hidratado tu piel ya que de este modo también ayudarás a recuperar la pérdida de humedad que hayas podido sufrir durante la ducha. Hay lociones y cremas que te pueden ayudar en esta tarea.

Esperamos que estos consejos te ayuden para hacer de la ducha una práctica tan placentera como saludable.